lunes, 12 de diciembre de 2011

Attack The Block: Marcianitos a nosotros...



Películas de invasiones extraterrestres las hay a patadas. Todos los años se estrenan, como mínimo, unas tres o cuatro. Y esto, sin contar con el mercado del videoclub y las tvmovies, que también tienen su espacio reservado para hombrecillos de diversos colores y pelajes. Pero al final, acaban siendo todas más o menos iguales. Se pierden en la pirotécnia y dejan de lado cosas interesantes. Attack The Block no es una de ellas, y por varios motivos.
La primera, es que no es una película americana. Es una producción británica, y eso ya consigue poner mucha distancia entre lo que hemos visto hasta ahora y lo que vemos en ella. La manera de contar las cosas es muy diferente a lo que estamos acostumbrados. No se trata solo de que el presupuesto es una parte ínfima de lo que sería normal en el cine americano. Se trata de otras cosas, de esas que tienen que ver con el cariño con que se hace, y con como se afronta la trama.
Para comenzar, su director, Joe Cornish, es primerizo, pero tiene a su lado a Edgar Wright, el responsable de Zombies Party, que es como se llamó en este país Shaun of the Dead, por si no nos quedaba claro que se trataba de una comedia. Seguimos con el tema de la participación de Nick Frost, uno de sus actores fetiche, que se pone en la piel de un cultivador de marihuana que parece no enterarse de lo que pasa. Y aunque eso es interesante, no es lo más importante.

El ambiente en el que tiene lugar la película es un barrio de las afueras de Londres. Esto, en una película americana querría decir confortables casas unifamiliares, con su jardín y sus familias de clase media. En el cine inglés, quiere decir un gran edificio, plagado de pequeños apartamentos, de aire muy tétrico, donde la desesperación y la marginación anidan en cada uno de los interminables pasillos.
Los protagonistas son un grupo de adolescentes marginales, que se las dan de mayores atracando a personas solitarias en la calle, por la noche. Tras uno de esos atracos,encuentran un alienígena caído del cielo, al que dan caza y matan. Luego, como símbolo de su masculinidad, lo pasean por toda el barrio y lo depositan, hasta que sepan qué hacer con él, en el ático del inmenso edificio, donde trabaja el personaje de Nick Frost, cultivando marihuana para un capo local.
Pronto comprenden que no es el único ser de esas características que ha llegado a su barrio, y tienen que comenzar a huir de unos terribles seres con grandes bocas que les persiguen e intentan matarlos. El mundo de estos jóvenes es caótico, lleno de drogas y malas influencias, pero, al fin y al cabo, siguen siendo niños, y no saben qué hacer para salvar la situación.
Es una cinta de aventuras, al estilo de Los Goonies, pero sin medias tintas ni niños surrealistas y fantásticos. Ahí está su grandeza, que se recrea en una realidad mucho más sucia que la que nos presenta Spielberg, y que vemos en otras producciones como Misfits o Skins. Quizás sean algo exageradas, pero confío más en estos chavales que en los anodinos y superficiales chiquillos que vimos en Super 8.


En cuanto a la resolución de la película, queda todo muy en el aire, pero si pensamos quela finalidad de la película es hacernos pasar un buen rato con las persecuciones, las terribles bestias del espacio exterior y las aventuras de los chavales para salir vivos, lo demás sobraría igualmente. En cuanto a los efectos, que podría ser el pero más grande y que más haría perder interés en la plelícula, hay que decir que las criaturas están bien realizadas y aparentan ser terribles.
No es una comedia, como se ha querido vender, pero sí que tiene esos puntos de humor negro que tan bien saben ejecutar los británicos, así que podemos concluir que es una muy buena opción para ver en el cine, aunque no sean muchas las salas que la hayan estrenado. Vale la pena buscar un poco en la cartelera, hasta encontrar un cine que la proyecte.




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